miércoles, 26 de abril de 2017

Despacho de un náufrago #7

Saturno devorando un hijo (Francisco de Goya)
Durante un tiempo, bajo el abrazo asfixiante de la soledad, me fabriqué un amigo: mi pene. Deambulando por la isla, mantenía apasionados diálogos con Jaime (así se llama, él mismo se presentó). Deseaba de forma rayana en la obsesión no ser objeto de su abandono, era la pieza maestra que cimentaba la salud de mi equilibrio mental.

Jaime ahuyentó esa suerte de horror vacui que puede perturbar al hombre solo. Ambos nos espantamos el fantasma del miedo a no tener compañía, nos volvimos egoístas: nos sabíamos inseparables ¿para qué tanto esfuerzo en el cuidado mutuo? Los diálogos, cada vez más breves, se fueron rodeando de silencios de indiferencia; los silencios de indiferencia se fueron rodeando de pinceladas de recelo.

Sentado junto a un fuego crepitante de oxígeno y madera medio húmeda, se abrió mi mente: fue el miedo a que me abandonaran, y no yo, el que eligió a Jaime como amigo para acompañarme; se trataba de alguien muy unido a mí, cabal y piedramente* inescindible. Yo podía haber elegido mil cosas efímeras en calidad de amigo, cosas bellas e interesantes: los escarabajos, las estrellas, una ola, el viento, un montículo de arena, un escupitajo al cielo…, y esas cosas tan bellas e interesantes habrían sido camaradas de verdad, aunque el tiempo los alejara de mi lado sin remedio. Abierta mi mente, donde un día hubo pinceladas de recelo, emergió el odio.

Entonces urdí mi plan. Cuando Jaime durmiera -y lo hace a menudo al cobijo de la penumbra de la hoguera en la noche-, desenterraría esa hoja afilada de sílex que tallé durante semanas para que fuera capaz de cortar como acero japonés, la haría enrojecer al calor, y luego lo tajaría de mí para lanzarlo a las olas.

Anoche fui libre frente a la mar.

*-mente: [...]Las rígidas reglas de selección que, en la lengua estándar, gobiernan el procedimiento de formación de palabras mediante el sufijo -mente son, sin embargo, transgredidas con cierta frecuencia en determinados registros idiomáticos (lengua literaria, habla coloquial, publicidad, etc.). Así, no es difícil encontrar en tales ámbitos lingüísticos formaciones adverbiales inéditas cuya base léxica no sólo viene representada por un adjetivo calificativo refractario a tal sufijación (p. ej. los que denotan "color" o "forma física") o un adjetivo relacional, sino que puede corresponderse con otra categoría distinta del adjetivo (sustantivo, verbo, etc.), tal como puede observarse en esta muestra de ejemplos "que en las tinieblas azulmente crece" (M. Hernández); "Tan verdemente pensativo" (Dámaso Alonso) "aquí rompen/redondamente y quedan mortales en las playas" (V. Aleixandre)[...] (THESAVRVS Tomo XLVI Mayo-Agosto de 1991 Número 2 pg 186 y 187)



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